Urraca Miguel

Cuenta la leyenda que, en aquella sinuosa curva, una pareja espera en silencio. Quiso un vengativo dios que reposaran juntos, sin poder tocarse, para castigar sus tóxicos sentimientos.

Dos calizos pedrones, en la senda del valle que recoge las aguas, lágrimas primaverales, de los ojos llamados albos.

Telúricas señalizaciones, desatendidas por Sísifo, que permiten al incauto tropezar sólo una vez.

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