30 milímetros

Una tarde de domingo, otra más de deseo vomitado, recordó la regla de los tres centímetros.

Aquella que predicaba el padre Llanos, para contener el ímpetu primaveral de la juventud, que se agrupaba delante de la única pantalla del barrio.

Y se decidió a cumplir la norma tantas veces infringida, sin posibilidad de cancelación, a escala 1:55.382.000.

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